Diario de Katrina

Wednesday, September 28, 2005

Los hombres que me gustan

Siempre me han gustado los hombres con melena y barba _y es una extraña contradicción que no me explico el por qué bebo los vientos por un imberbe calvo_ Creo que debe ser por la influencia de la religión, peus Jesucristo siempre me pareció perfecto y además era la ostia, al menos la ostia para los amigos. Hay quien dice que cuando a las mujeres nos llega la líbido buscamos a hombres que nos recuerdan a nuestro padre. Mi padre siempre fue callado, pero a mi me gustan callados para que me dejen hablar. Sólo faltaba dar con uno que hablara lo mismo que yo. Qué locura. También me fijo en los hombres que no fuman y es mi maldición porque están echándote el sermón todo el santo día. Mi padre no fuma tampoco. Pero nunca me he enamorado de un relojero muy serio y con mucha paciencia. Y es que padre no hay más que uno, digan lo que digan. Esto viene a cuento de que hoy me he sentado en el tren frente a un hombre con barba y melenas que me pareció de lo más guapo. Tenía unos ojos grandes y profundos y una nariz perfecta y unos labios perfectos... vamos, igualito igualito que Jesucristo. No puse sobre el tapete mis armas de seducción porque no tenía muchas ganas de juego, una vez más, perdí el tren.

Sunday, September 18, 2005

De cómo y cuándo conocí a mi vecino Josema

Un Jueves Santo estaba yo en la pensión donde vivía y me quedé sin tabaco, así que fui a comprarlo y dejé mi ordenador encendido; estaba por aquel entonces llevando a cabo una investigación muy interesante y no me gustaba despegarme del ordenador. Pero el tabaco gobernaba mi vida hasta puntos insospechados: lo que el hambre y el sueño no lograban, el tabaco lo hacía en solo unos minutos de mono. Unas horas después tenía que salir de viaje porque había quedado con mis padres y si no iba a mi madre le iba a dar un ataque de histeria, asi que por el bien de la unidad familiar me quedaban cuatro horas para coger el tren.
Crucé el parque y entré en un bar a comprar tabaco; tenía un hambre de morirme pero en el bar sólo había hombres que me miraban con un careto como diciendo "qué hace una mujer aquí?" en fin, que ya de vuelta a casa recordé que en la tetería de la esquina podías comprar comida para llegar a casa, básicamente kebap con patatas, no había otra cosa, eso si, el mejor kebap del mundo que lo hace la Fati, una mujer marroquí, muy sabia, muy buena y muy simpática que conocí un día al poco de dejarme mi novio y le pedí una infusión tranquilizante entre sollozos porque lloro poco pero cuando lo hago no puedo parar y me dio una infusión de azahar que me dejó la mar de relajada.
Y cuando llegué la Fati me informó que además de kebap tenían cuscús, ensaladas y un montón de comida moruna más y total, decidí que no pasaba nada si un día, en lugar de comer sola frente al ordenador, comía rodeada de seres humanos. Mientras la Fati preparaba mi comida me senté y me pedí una cerveza con limón, que es lo que más me gusta beber cuando voy de tapas y como me aburría me puse a escuchar la conversación de los dos hombres que hablaban a mi lado; uno era el marido de Fati y el otro era Josema que estaba hablando de sus viajes. Juro por Dios que en mi vida he conocido a un hombre que hable tanto, es más, un hombre que hable más que yo. Así es Josema, se pone a hablar y no hay Cristo que lo pare; eso sí, ninguna de sus palabras tiene desperdicio, les pone una pasión y un ímpetu que es que lo vives.
El tabaco será malo para la salud, pero socialmente no he conocido mejor escusa para conocer a gente; como Josema se quedó sin tabaco yo le ofrecí del mío y asi fue como iniciamos conversación.
Cuando quise darme cuenta estábamos comiendo Josema, la Fati, el Jose y no sé cuántas personas más y yo también y era la primera vez que comía en familia después de mucho tiempo. Luego Josema se ofreció a llevarme en su furgoneta hasta la estación y llegamos a tiempo de milagro, en el camino hablamos de un montón de cosas y me enteré de gran parte de su vida. En los cuatro días siguientes recibí mensajes suyos al móvil muy bonitos, pero también de otros dos hombres que por aquel entonces me rondaban: un catalán y un canario.

En resumen

Yo soy la tercera de cuatro hermanos. Los dos primeros nacieron antes que yo y el otro bastante después. Los parientes nos subdividían en grupos de a dos, es decir, los dos grandes y los dos chicos. De este modo a los dos grandes les daban mil pesetas y a mi y al chico nos daban solo quinientas. No me parecía justo ya que en proporción de los años vividos esas tres mil pesetas debían repartirse en función de los besuqueos recibidos a lo largo de los años, es decir, 980 pelas pal mayor, 910 para el mediano, 710 para mí, 355 para el pequeño y el resto para el bote. Ya nacida con esa injusticia encima era evidente que lo injusto reinaría para siempre en mi vida.
Los tres chicos estudiaron en colegios de curas y yo estudié en colegios de monjas hasta los catorce años. Que fue curiosamente cuando me quise morir (conocer a los hombres, querer morirse... algo me olía yo desde mi corazón de bruja) No me tomé con prisa acabar el instituto, puesto que estuve un tiempo muy largo en peligro de muerte y me tomaba los estudios con mucha relajación. Durante un tiempo fui la presidenta de una asociación de donantes y escribí algunos artículos y di algunos discursos, pero lo dejé después de que mi hermano me contagiara la varicela, estuve un mes sin salir por culpa de las marcas que me dejaron. Cuando pasé a la universidad y vi que no me había muerto ya era tarde para volverse una persona con prisa, pues me había dado cuenta de que te puedes morir en cualquier momento y que no hay que correr tanto. Yo solo corría por las mañanas temprano porque me gustaba, eso sí, todas las mañanas, con lluvia, frio, calor, y aunque fuera mi cumpleaños.
Como mi padre siempre estaba diciendo que no había dinero para estudiar, trabajé desde que empecé en la facultad para pagarme los estudios, cuando ya estaba en cuarto me enamoré por internet de un hombre de logroño, dejé mis tres trabajos, los estudios y la familia y me fui a 800 km de casa con lo que cabe en una mochila y empecé mi vida de nuevo como chacha en una casa. Duré quince telediarios y luego me despidieron y asi estuve brincando de curro en curro conociendo a fondo el mundo laboral: trabajé en una fábrica de latas, en una de plásticos, en una pastelería, en un hotel de cuatro, en un restaurante, en una cafetería, en un castillo, en una oficina, en la calle.... luego ya que me desenamoré del chico de Logroño y me enamoré de su amigo me fui a vivir con él a Madrid y ahi también trabajé en una agencia de arquitectos, en un teléfono erótico, en un gimnasio, en una academia, monté un negocio que salió como el culo y finalmente me lo monté yo solita y hasta ahora que trabajo en un trabajo secreto que no le puedo decir a nadie. Durante todos esos trabajos amé a mi novio y limpiaba la casa y además estudiaba en la universidad y asi fue como me licencié finalmente en diciembre del año pasado. Durante la carrera también escribí un artículo, hice un proyecto de drogas que anda perdido en alguna parte de Ecuador, di una conferencia, hice otros proyectos de desarrollo, escribí algunos artículos y trabajé con niños.
En enero mi novio me dejó alegando que había dejado de quererme y desde entonces he hecho dos mudanzas. Ahora vivo en un apartamento para mi sola que me cuesta un riñón pero he decidido no compartir piso nunca más.
Y ese es en esencia el resumen de mi vida. El caso es que no sé por dónde empezar a contar, así que se aceptan sugerencias, un suponer, me decís "Katrina cuentanos cuando estuviste en el hotel" y yo os lo cuento. Y así... porque si no, pues iré un poco como el huracán, arrasando no sé ni pa donde ni por cuánto tiempo. Espero vuestras sugerencias

Reír envejece

Es cierto, lo he leído ayer en la revista Quo. Que con el buen humor la gente es más fácil que llegue a vieja. Aunque el título acojona un poco podría haber sido peor, algo así como "Si te ríes te mueres" o "El sentido del humor acelera el envejecimiento". Coñas aparte, lo cierto es que reir es sano y que me he dado cuenta de que la misma historia produce llanto o risa según como la cuentes. Asi fue como nació el humor negro.
Los que tienen sentido del humor tienen más esperanza de vida. Yo sé que llegaré a vieja, porque mi linea de la vida es muy larga y porque todo el mundo dice que soy una cachonda mental.
Habría que hacer no obstante un estudio acerca de los efectos perniciosos/favorables de los tipos de humor existentes, a saber, el humor ácido, el humor verde, el humor negro, el humor picante, el mal humor, el buen humor... porque los humores tienen olores y sabores, como los alimentos.
El caso es que ayer me di cuenta volviendo en el autobús de que mi historia es la mar de interesante, supongo que como todas las historias humanas y que me pasan mogollón de cosas y a veces he contado una cosa en un contexto y la gente se partía el culo y en otro contexto era un dramón. Asi que va a ser cierto el refrán que me decía mi abuela "Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Una vez, cuando tenía catorce años, me quise suicidar. Como véis no salió bien el invento, porque si no, no tendría ahora 33 años. No me morí, pero eso sí, perdí la memoria. Entonces ayer en el autobús (que es mi fuente filosófica de inspiración) pensé: ¿y si por otra circunstancia vital se me borra la memoria y se me olvida de nuevo la historia de mi vida? Y decidí retomar el diario para escribir en él los conocimientos históricos recopilados, al menos los más importantes.
Recordando ayer unos cuantos me alegré mucho de no haberme muerto a los catorce. Menudo desperdicio de experiencias...