Diario de Katrina

Sunday, September 18, 2005

De cómo y cuándo conocí a mi vecino Josema

Un Jueves Santo estaba yo en la pensión donde vivía y me quedé sin tabaco, así que fui a comprarlo y dejé mi ordenador encendido; estaba por aquel entonces llevando a cabo una investigación muy interesante y no me gustaba despegarme del ordenador. Pero el tabaco gobernaba mi vida hasta puntos insospechados: lo que el hambre y el sueño no lograban, el tabaco lo hacía en solo unos minutos de mono. Unas horas después tenía que salir de viaje porque había quedado con mis padres y si no iba a mi madre le iba a dar un ataque de histeria, asi que por el bien de la unidad familiar me quedaban cuatro horas para coger el tren.
Crucé el parque y entré en un bar a comprar tabaco; tenía un hambre de morirme pero en el bar sólo había hombres que me miraban con un careto como diciendo "qué hace una mujer aquí?" en fin, que ya de vuelta a casa recordé que en la tetería de la esquina podías comprar comida para llegar a casa, básicamente kebap con patatas, no había otra cosa, eso si, el mejor kebap del mundo que lo hace la Fati, una mujer marroquí, muy sabia, muy buena y muy simpática que conocí un día al poco de dejarme mi novio y le pedí una infusión tranquilizante entre sollozos porque lloro poco pero cuando lo hago no puedo parar y me dio una infusión de azahar que me dejó la mar de relajada.
Y cuando llegué la Fati me informó que además de kebap tenían cuscús, ensaladas y un montón de comida moruna más y total, decidí que no pasaba nada si un día, en lugar de comer sola frente al ordenador, comía rodeada de seres humanos. Mientras la Fati preparaba mi comida me senté y me pedí una cerveza con limón, que es lo que más me gusta beber cuando voy de tapas y como me aburría me puse a escuchar la conversación de los dos hombres que hablaban a mi lado; uno era el marido de Fati y el otro era Josema que estaba hablando de sus viajes. Juro por Dios que en mi vida he conocido a un hombre que hable tanto, es más, un hombre que hable más que yo. Así es Josema, se pone a hablar y no hay Cristo que lo pare; eso sí, ninguna de sus palabras tiene desperdicio, les pone una pasión y un ímpetu que es que lo vives.
El tabaco será malo para la salud, pero socialmente no he conocido mejor escusa para conocer a gente; como Josema se quedó sin tabaco yo le ofrecí del mío y asi fue como iniciamos conversación.
Cuando quise darme cuenta estábamos comiendo Josema, la Fati, el Jose y no sé cuántas personas más y yo también y era la primera vez que comía en familia después de mucho tiempo. Luego Josema se ofreció a llevarme en su furgoneta hasta la estación y llegamos a tiempo de milagro, en el camino hablamos de un montón de cosas y me enteré de gran parte de su vida. En los cuatro días siguientes recibí mensajes suyos al móvil muy bonitos, pero también de otros dos hombres que por aquel entonces me rondaban: un catalán y un canario.

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