Buenos días
Entre otras cosas me dedico a la enseñanza y da gusto que todo el mundo te salude por las mañanas. Los educadores, ya desde la guardería, realizan actividades en torno al saludo, a las buenas maneras, a decir los buenos días, hola, adiós... en fin, a cruzarse con las personas de tu barrio o tu bloque de un modo distinto a como lo harías si te toparas con un burro.
Está claro que los vecinos de mi residencial se perdieron u olvidaron aquellas preciosas lecciones. Porque a mí sí me las enseñaron. El "buenos días", "hola"... me sale solo, como el "Jesús" de detrás del estornudo o el "perdón" de después de tropezar con alguien.
Llevo más de un año viviendo en esta cuadrícula marrón que siempre me ha parecido un montón de cajas de galletas apiladas, no sé por qué y desde el principio sucede que la mayoría de los vecinos que se cruzan conmigo no me devuelven los buenos días, te miran de arriba abajo pero no responden.
Un día pensé que tal vez era porque mi vestimenta no era lo suficientemente elegante; pero cuando voy de chaqueta tampoco me saludan. Entonces pensé que a lo mejor eran desconfiados y pensaban que les iba a pedir algo, pero no suelo tener pinta de mendiga.
He llegado a la irrefutable conclusión de que las tuberías por las que pasa el agua corriente contienen una sustancia que adormece la parte del cerebro que se encarga de las buenas maneras. Y como yo bebo agua mineral, a mí no me sucede.
Espero que los niños que veo cada día recuerden después de votar por primera vez esa costumbre absurda de saludar. A mí me gusta.
Está claro que los vecinos de mi residencial se perdieron u olvidaron aquellas preciosas lecciones. Porque a mí sí me las enseñaron. El "buenos días", "hola"... me sale solo, como el "Jesús" de detrás del estornudo o el "perdón" de después de tropezar con alguien.
Llevo más de un año viviendo en esta cuadrícula marrón que siempre me ha parecido un montón de cajas de galletas apiladas, no sé por qué y desde el principio sucede que la mayoría de los vecinos que se cruzan conmigo no me devuelven los buenos días, te miran de arriba abajo pero no responden.
Un día pensé que tal vez era porque mi vestimenta no era lo suficientemente elegante; pero cuando voy de chaqueta tampoco me saludan. Entonces pensé que a lo mejor eran desconfiados y pensaban que les iba a pedir algo, pero no suelo tener pinta de mendiga.
He llegado a la irrefutable conclusión de que las tuberías por las que pasa el agua corriente contienen una sustancia que adormece la parte del cerebro que se encarga de las buenas maneras. Y como yo bebo agua mineral, a mí no me sucede.
Espero que los niños que veo cada día recuerden después de votar por primera vez esa costumbre absurda de saludar. A mí me gusta.

