Diario de Katrina

Saturday, April 29, 2006

La maldición del futón y el cojín de lunares

Es una trampa. Estoy convencida de que su espuma desprende opiáceos al sentir la presión de mi cuerpo. Son las once de la mañana. Ayer me senté en el futón a las diez de la noche y no fui capaz de levantarme. Hasta ahora, presionada por la urgencia de mi vegiga... menos mal , si no, me dan las siete de la tarde tumbada en el sofá. Vi una película sobre asesinos en serie, luego una serie cuyos guionistas deberían ser asesinados, luego lo que quedaba de Drácula de Bram... (confieso que no sé cómo se escribe, suena stoker o algo así), luego una película de terror japonesa y manga (no me dio miedo). Sentí que mi cuerpo pesaba como el plomo y quería levantarme pero no podía. Parecía que el sofá me abrazaba poco a poco y que el respaldo se inclinaría hacia abajo haciendo de mí un sandwich. Pero lo peor empezó cuando apoyé mi cabeza en el cojín de lunares; un hipnotizador invisible parecía dar a mi cuerpo órdenes como "tu cuerpo pesa, tus párpados pesan, todo en tí pesa" _ Tú si que eres pesado. Ya sé que he engordado cuatro kilos pero tampoco es para tanto_. No pude hacer nada, caí en un sopor profundo a pesar de una postura forzada y soñé que no podía pagar el apartamento y regresaba a la pensión donde viví anteriormente y de pronto tenía que meter 50 metros cuadrados en doce; mi padre estaba ahí, un compañero de trabajo también estaba ahí y un montón de gente y desperté agotada, como si no hubiera dormido ni cinco minutos. Al despertar me costó levantarme. Ese sofá tiene algo malo.

Wednesday, April 26, 2006

Culebrones brasileños, plastas y xenofobia

Hay por Cuadernos de Tzade un tipejo salido de la nada que cual Don Quijote virtual se dedica a masacrar blogs con comentarios moralistas y acusaciones punzantes y ve gigantes donde sólo hay molinos de viento: reconocimiento de su opinión en la reacción a sus falsedades, egoísmo extremo en relaciones que no llegan al nirvana, intoxicación emocional en las aventuras breves, un beso es una droga de abuso, montones de secuaces en lejanos comentarios de un amante resentido... bueno, un sinfín. Hay que reconocerle al muchacho que se lo curra, pues, para opinar que mis post son farragosos se los ha leído toditos, con comentarios y todo. Él opina que mi vida es como un culebrón brasileño sin presupuesto ni guión y casi le voy a dar la razón en eso porque lo que me pasa a mí no le pasa a nadie. Más bien a veces mi vida parece una comedia barata con actores que sobreactúan. Es cierto, me pasan cosas muy extrañas y lo bueno que tiene es que pasado el mal rato una a veces hasta se ríe, porque la risa es sana y alarga la vida y tengo que compensar los cigarrillos que me fumo de alguna manera.
Ayer me quedé sin tabaco y marché al Van Gogh a comprar tabaco. Allí me saludó un hombre que había conocido hace tiempo y que hacía meses que no veía. Le ví más guapo y así se lo hice saber. Lo cierto es que le había confundido con otra persona y durante el error, para dolor de mi monedero, pedí una copa. La primera vez que intentó besarme no habían pasado cinco minutos, a la segunda le amenacé con no volver a hablarle en su vida, después de un par de comentarios subidos de tono y mi mirada asesina después de cada uno de ellos me aparté de él y me fui para el otro lado de la barra a acabarme la copa. Al cabo de un rato se acercó exigiéndome respeto. Le dolió en lo más profundo ese abierto rechazo y que no recordara su nombre, pero al mismo tiempo incentivó su deseo y así me lo hizo saber. Hasta ahora ninguna mujer le había dado plantón. Invadía constantemente mi espacio, me declaró su amor diciéndome que siempre le había gustado y sus insinuaciones, cada vez más explícitas, de no dormir solo esta noche. Darle la espalda apenas servía de nada. Le dije que ya hablaría con él otro día y que sus comentarios me habían molestado mucho, que la sinceridad no está reñida con las buenas maneras y le dije adiós tres o cuatro veces. El tío no se marchaba, mi copa comenzaba a calentarse y yo no quería salir del bar para evitar a toda costa que ese tio me siguiera. Le importaban demasiado mis desmanes públicos porque "esto es un pueblo y nadie tiene que enterarse de mi vida ni de la tuya". Compartí con Esteban, que rondaba por allí, algunas palabras y chistes y en un momento dado Esteban, que era listo y empezaba a darse cuenta del percal, me cogió por el brazo y me empezó a enseñar melodías en su móvil. Y no sé si fue ver que a otro tipo le hacía caso y a él no, que se le encendió la furia a Roberto (que así se llama el plasta mayor), viendo que pasaban las horas y que sus planes se venían abajo. Hablábamos de las bromas que se gastan en la radio a ingenuos a través del teléfono y a Esteban le dio por decir que los españoles éramos muy ingenuos todavía. Roberto también vio gigantes y entendió en el comentario de Esteban que "los españoles sois una panda de paletos", algún cable se cruzó en la cabeza de Roberto que tomó a Esteban por un extranjero que venía a chupar del bote y empezó a mandarle para su país, a imitar el gesto de Esteban de sorberse la nariz (no es cocainómano, tiene sinusitis), a ridiculizar su ropa, sus ademanes afeminados y a inflarse como un gallito. El ambiente se fue caldeando progresivamente y la gente fue alzando la voz; lógicamente, como llevaba todo el tiempo a mi lado aunque yo le estuviera dando la espalda, una chica me dijo que le calmara, otro le dijo "vete con ella" y me señaló, el barman empezó a barrer a la gente para afuera, Esteban golpeó el culo de su cubata contra la barra sacando medio contenido afuera, tomó un taburete y lo alzó contra su adversario y la violencia fue generando violencia. En un momento en el que pillé al barman apartado del follón (una fracción de segundo, pobrecito), le dije "por favor, no dejes que salga al mismo tiempo que yo". Entonces el barman me invitó a irme en ese momento con la promesa velada de que me daría tiempo a doblar la esquina antes de que ese tipo saliera de ahí. Cuando todo pasó Esteban me mandó un mensaje al móvil. Había confundido a este tipo con otro que, una semana atrás, me llamó al móvil a las cuatro de la madrugada, estando yo con Esteban viendo una peli pirata, profiriendo insultos, maldiciones y amenazas de muerte. Parece que tengo imán para los violentos. Ciertamente mi vida parece un culebrón
¡Qué divertido!