Diario de Katrina

Wednesday, February 15, 2006

El extraño razonamiento masculino

Ayer salí con Jorge Q; un chico encantador del que no me enamoraré jamás pero con el que me siento extraordinariamente bien. Su conversación no da para mucho, es parco en palabras y las pocas que pronuncia no son muy interesantes. Así que nos dedicamos a darnos largos y profundos besos, que para eso sí que sabe usar la lengua. Estábamos los dos bien acaramelados en la esquina de un garito con infernal música metal y de repente escuché los ecos de mi tierra en un grupo de hombres de mi quinta que había junto a nosotros. En cuanto Jorge Q fue al baño me acerqué a ellos y pregunté “¿sois de Jaén?” e iniciamos una conversación. Uno de ellos me sacó fuera del garito, me enseñó su supercoche, me regaló un diario Jaén del día de ayer y un calendario de camiones muy hortera y me pidió el teléfono. Yo se lo di por eso de que era un tal Rafa de mi tierra que era agradable y con el que llevábamos un rato majo. Me arrepentí a los pocos segundos, pues me intentó besar después de dárselo. Me enfadé bastante con él, se disculpó y entramos de nuevo al garito donde me enlacé a mi chico como si no hubiera visto a un hombre en mi vida y entre ratos íntimos y ratos compartidos con mi gente fue pasando el rato. Cuando fui a los baños fui incapaz de encontrar el de las mujeres; es que los garitos heavy tienen indicaciones un poco ambiguas, y me metí en el de chicos porque iba a reventar. Me siguió el paisano y charlamos en el baño. Quería que me deshiciera de mi amigo para pasar un rato con él. De nuevo le hice saber que yo con mi nene estaba muy a gusto y él, en su línea dijo “bueno, yo te llamo y luego ya veremos”. Entró el camarero al baño todo mosca y se puso muy serio “en mi local esas cosas no” dijo. Al salir del garito aquel me fui con mi chico a casa y le comenté lo que había pasado, por supuesto apagué el móvil y nos fuimos a la cama, los dos un poco pedo con el consiguiente “tía, esto es la primera vez que me pasa”, nos dormimos y le pasó por segunda vez por la mañana. Besitos matinales, aclaraciones necesarias (no estoy enamorada ni nada parecido, ya veremos si nos vemos esta noche porque soy una mujer superocupada, eres un encanto y cosas así). Al encender el móvil, más de treinta llamadas perdidas. El tipo aquel se pasó toda la noche y hasta la mañana esperando que yo respondiera y me abriera de piernas delante de su cara porque tiene un coche muy caro, porque nació donde mismo nací yo o no sé por qué razonamiento absurdo. Durante mi baño matinal el teléfono volvió a sonar dos veces y a la tercera respondí porque si no el tipo este prometía ser cansino hasta la saciedad. Le eché una bronca monumental por pensar equivocado, anticipar acontecimientos y que era evidente que iba a apagar el móvil porque no me apetecía responderlo mientras echaba un polvo. El tipo se lamentó de no haber dormido en toda la noche y yo me jacté de no haber dormido tampoco. No contento, no conforme, o no enterado se despidió con un “te llamo y tomamos un cacharrillo”. La madre que lo parió. Aún con el cuerpo dolido de la resaca y preguntándome si me lo hice con un hombre o con un gato porque tengo los muslos, el culo, la cintura, los brazos, el vientre y la espalda cuajaditos de largos y profundos arañazos, no puedo menos que calificar mi anterior noche de surrealista profunda, salvaje y tierna. Con un hombre que hace palmas con las orejas soñando con momentos íntimos que nunca tendrá y otro que a la que me descuide me planta en un altar con un anillo de oro de 24 kilates y la promesa de hacerme ocho hijos me dispongo sin más dilación a comerme unos garbanzos recalentados, irme para el trabajo y pensar en cosas más productivas y más normales.