Diario de Katrina

Sunday, December 25, 2005

Cucarachas

Las cucarachas y las ratas, bichos que, según los últimos rumores, son los únicos que sobrevivirían a una catástrofe nuclear (tal vez por la cantidad de mierdas que el ser humano ha ido inventando para acabar con ellos) son animales que me imponen, cuanto menos, asco y respeto. No obstante, yo denomino "cucarachear" a esas épocas que tiene una en las que le apetece estar sola y a oscuras, como las cucarachas que abrochan la pared y que te dan un susto de la muerte si a tu vegija le sucede eso de no poder más a horas imprudentes de la noche. Además "ratear" tiene otras implicaciones lingüísticas. Cuando cucaracheo me torno hosca y solitaria, me nace una fotofobia que me cambia los hábitos y me vampiriza. Y son esos momentos los que mi ex-amante de los domingos siempre escoge como idóneos para sus crisis o simplemente para matar el aburrimiento. Entre otras cosas, le dejé por inoportuno.
No esperaba su llamada tras el último encuentro, en el que le invité a salir de mi casa más que nada porque me despertó de madrugada y porque me quiso violar (y, sinceramente, no sé cual de las dos cosas me molestó más) Si bien, si no llega a ser por esa visita tan inoportuna, no estaría contando esto, ya que puse un cazo al fuego y acto seguido me quedé dormida y cuando él llegó estaba a punto de arder la casa. El caso es que hoy me buscó y como siempre, escoge su rol de víctima _ mía, de sí mismo o del mundo_ para ablandarme... lo que más me jode es que lo consigue.
En otro orden de cosas... no hay orden posible. Me pasan muchas cosas y muy raras, mi mente no tiene espacio para agruparlas siquiera por orden alfabético y entonces se me van al estómago produciendo tanta acidez que a veces hasta me lloran los ojos. Hasta me permito el lujo de discutir con desconocidos y cualquier día me voy a llevar una ostia...
Y es lo que ha pasado hoy. El panorama en el café Van Gogh no ofrecía más atractivo que luz suficiente para leer... o escribir. Yo siempre llevo el diario en el bolso por si me viene la inspiración; lo hago desde un día que me di cuenta que las servilletas de papel se perdían. A Antonio Machado le rescataron una del bolsillo de su traje el día que murió y la publicaron en algunas introducciones de sus libros, pero seguro que en el camino perdió mazo de servilletas. Así que saqué mi diario y me puse a escribir en él. Un pirao que estaba sentado junto a mí en la barra reparó en que yo estaba escribiendo en el diario y me dijo que me prohibía mencionarle en él; antes de ese momento, nada merecía la pena de la conversación que habíamos tenido minutos antes como para gastar una gota de tinta:
La conversación comenzó porque el tío se estaba fumando mi cigarrillo y se lo hice saber, él dijo que sólo Beethoven y Haynd le inspiraban respeto, que él era músico y compositor y que lo dejó porque la mujer, los hijos y el trabajo no daban tiempo para más, me dijo su nombre, yo le dije el mío y acto seguido le ignoré vilmente porque estoy cucaracha. Ahora hablo de él "pa que se joda" y cuanto menos me parece curioso. El caso es que le dije que quién coño se creía él para prohibirme nada y que yo escribía en mi diario lo que me sale de los cojones (con esas palabras) y él me respondió "vale, tía, escribe lo que te de la gana" y yo le contesté que a lo mejor se pensaba que me estaba dando permiso para algo y que por supuesto iba a escribir lo que me diera la gana, pero que estuviera tranquilo, que no me había llamado tanto la atención....
Vale, soy una borde y una arrabalera. Básicamente estoy cansada. Mi sentido del humor se ha tomado vacaciones y la Navidad me resulta odiosa. Como me encuetre al tipo de rojo por la calle lo corro a palos.